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La Semana Santa de Sevilla o la madrugá
Este es el momento clave de la celebración –o, al menos, uno de ellos-. Ocurre en la madrugada del Viernes Santo (de ahí el nombre). Entonces, durante la noche, y gran parte del día, algunas de las imágenes más veneradas de la Semana Santa sevillana salen a la calle. Durante largas horas, el Jesús del Gran Poder, la Macarena, la Esperanza de Triana o el Cristo de los Gitanos salen a unas calles llenas de público y de sentimiento. Para asistir a la larga procesión no hay más que ir, de un lado a otro, por los lugares en los que los pasos tienen prefijada su presencia. Por todos… excepto los incluidos en la llamada carrera oficial, un tramo en el que se instalan sillas y palcos de pago (si se está interesado en adquirir una de estas localidades se puede contactar con el Consejo Superior de Hermandades y Cofradías, por teléfono en el 902 995 275 o a través de la página web del Consejo Superior de Hermandades y Cofradías). Este tramo queda entre la Calle Campana y la catedral.
Pero la Semana Santa de Sevilla no acaba en la madrugá –ni mucho menos-. Sería difícil que, en una sola noche, pudieran salir a las calles sevillanas las cincuenta y ocho cofradías (con más de cincuenta mil cofrades en total) que participan en la fiesta. Y es que Semana Santa es uno de los festejos más vistosos y emotivos. La devoción, el arte, el colorido y la música se entremezclan en los actos que se celebran para recordar la muerte de Jesucristo: las procesiones. En ellas, los miembros de las diferentes hermandades y cofradías, vestidos con sus ropajes característicos, recorren las calles llevando los pasos al ritmo de los tambores y la música, produciendo estampas de sobria belleza.
Cada día, el programa de las cofradías se repite. Cada una de ellas sale de su respectiva iglesia y termina haciendo la carrera oficial. Luego, al salir de la catedral, regreso a su iglesia… siempre entre saetas, unas canciones de aire flamenco que la gente canta desde los balcones…y ante los que el paso detiene su ídem.